Miraba tu rostro, apacible,
bronce tenue. Cercanía con olor a maderas. Tu voz simulaba una tonada
lisonjera. Mirada luminosa, con brillos de ingenuidad. Quisiera rozar tu mano,
pero no hallo el motivo. Me fijo en tu perfil, reconozco la recta expresión de
tu nariz. Me miras al hablar, me turbo. Quiero conocerte, hablar sin mirones.
Te imagino en un despertar junto a la ventana, con tu pijama blanco como las
sábanas. El lecho aún está tibio, olor dulce, mezcla de arándanos y jazmines.
El teléfono suena, vuelvo al lugar, junto a ti, que cerca estamos, y que lejos.
No sé si son tus años o los míos los culpables de mi silencio.
Te vas. Te llevas mi
esperanza colgada de tu juventud.
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