Estoy anclada en una mujer
extraña. No siento correr los ríos en mis venas. Mis piernas, veletas
tasajeadas que dejan pasar el viento. Los pensamientos se confunden y se
vuelven marea. Un corazón que se deja
llevar por una ola y de vuelta, es arrastrado por otra. Mi cuerpo, que no es
mío, se desmorona y mezcla con la sal del mar que le sirve de tumba. Cabellera,
larga cabellera que se funde con la noche. Dos gaviotas mis manos, y se elevan
sosteniendo en el pico mis recuerdos.
¿Qué soy, qué era?, creo que
la sombra de un barco con forma de mujer.
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